Una compañera de trabajo nos cuenta de Susana

A Susana la conocí un verano en Carlos Paz, trabajábamos de mozas en la confitería de la galería central. Ese verano la pasamos bomba. A los quince días nos fuimos a vivir juntas a un departamento.  La guita que nos pagaban no era mucha y vivir juntas era una forma de repartir gastos. Las propinas de los porteños eran abundantes y nunca nos faltó guita. Salíamos en la semana cuando teníamos franco. El sábado y el domingo era imposible por el laburo. Me acuerdo de que conocimos a unos salteños con los que la pasábamos de diez. Eran muy piolas y cuando salíamos nos divertíamos mucho con esos dos sinvergüenzas. La verdad es que eran muy agradables y cuando la cosa se ponía espesa, Susana siempre tenía una excusa para zafar y los bichos se volvían locos. Estuvieron mucho tiempo en la Villa y disfrutábamos mucho. Lástima que ella se fue de vuelta a Buenos Aires cuando terminó el verano. Sé que se recibió de doctora. De vez en cuando me escribe y me cuenta de ella. Sé también que andaba con un colega médico muy importante, no mucho más. Quedamos en que, en algún momento, iría a su departamento cuando vaya a Buenos Aires. Ella me invitó varias veces, pero no me decido, hay que tener dinero para ir a la Capi.