Hace unos años escribí «La amante inesperada» y lo publiqué en un libro de cuentos. Este año decidí hacer un experimento: reescribirlo usando Claude (inteligencia artificial de Anthropic) como colaboradora editorial.
El proceso fue simple: le presente el cuento y pedí que lo analizara sin concesiones. Me dijo que era bueno pero mejorable (7.5/10). Entonces le pedí algo inusual: «Trabajemos tres versiones. Una grotesca, una fantástica, una más cruda.»
La IA generó sucesivamente mis pedidos en minutos. Cada respuesta que me dio, mostró posibilidades que yo no había visto. Tomé elementos de ellas y armé una versión integrando lo mejor de cada una de las respuestas.
Le agregué antecedentes familiares a los personajes (para explicar su violencia), momentos de vulnerabilidad inesperada (para humanizarlos), y elementos ambiguos (para que el lector dude qué es real o no).
El resultado: un cuento más complejo, más inquietante, más honesto. Claude lo calificó 8.8/10 en su análisis final.
¿Es trampa usar IA? No lo creo. Cada decisión fue mía: qué cambiar, qué mantener, cómo integrar. La IA sugirió, yo decidí. Es como tener un lector crítico incansable que puede generar alternativas.
El cuento que van a leer mantiene mi voz, tiene asistencia de la IA, pero ustedes tendran la última palabra sobre el mismo. Eso es lo que importa.
Les dejo el subtítulo que le puse: «¿Alucinaciones de la inteligencia artificial o…?» Es una broma sobre el proceso, pero también una pregunta seria.
Por último, quiero advertirles que es un cuento que puede resultar incómodo para ciertas personas. La prosa es descarnada como algunos de los personajes.Tiene párrafos que pueden ser agresivos para el lector.



Deja un comentario