En el rincón más olvidado de Buenos Aires, entre las calles de 25 de Mayo y Viamonte, existía un bar que sobrevivía al paso del tiempo como un refugio para almas extraviadas. Era 1967, y en esa zona cercana a Retiro y al puerto, los marineros y gente del interior llegaban buscando trabajo, o simplemente un trago que les hiciera olvidar sus penas.
En ese cabaret, conocido como «El Rincón», se cruzaban las miradas sombrías de quienes habían perdido algo. Era un lugar de historias no contadas, de miradas que decían más que las palabras. Los parroquianos conocían bien a Lola, una mujer de cabellos oscuros y ojos tristes, que había encontrado su lugar tras la barra. Detrás de esa sonrisa que ofrecía a los clientes se ocultaba una historia de amor, lealtad, traición y venganza. Lola había amado a Esteban, un corazón de malevo, que perdió la vida una noche trágica, llevándose consigo los secretos que aún pesaban en los rincones del bar.

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